Está terminando el gobierno de Iván Duque como presidente de Colombia, tal vez pasará a la historia como el presidente que le dio la estocada final a la clase política colombiana, sus errores políticos demostraron su inexperiencia, se le fue el tiempo atacando la paz y tratando de entender un país que le habían dibujado sus aliados políticos pero que no existía, tratando de encontrar enemigos invisibles interna y externamente, se quedó en el país del 2002 que tenía como centro de su política la seguridad democrática, no quiso ver a ese país que como consecuencia de la firma de los acuerdos de paz de la Habana estaba esperando cambios profundos, transformaciones que partieran de una mirada socioeconómica distinta del país y que planteaban retos políticos que giraran las condiciones sociales y culturales de la Colombia de a pie.

Iván Duque no le propuso nada al país, se dejó llevar por fantasmas discursivos como el castrochavismo, y la izquierda comunista, esto lo llevó a cometer errores internacionales e internos que solo demostró su incapacidad de ver al país en perspectiva, salidas en falso que dejo en el ambiente internacional como enemigo a Irán, intervenir en las elecciones Norteamericanas a favor del candidato republicano, reconocer a un presidente sin poder en Venezuela, en un acto paranoico acusó a Rusia como responsable de la desestabilización ocurrida en las marchas del 2021, en materia interna el tema fue peor, presentó tres reformas tributarias solo pasó una la segunda generó un estallido social que tuvo consecuencias sociales y políticas las cuales todavía están mostrando sus efectos, pese a que manejo bien el covid19 en materia sanitaria, se raja en la forma como afrontó la crisis social y humana que esta generó, trato al principio de su gobierno por todas las formas de frenar los acuerdos de la Habana, no encontró nunca respuesta a la economía naranja que le prometió al país, en materia económica sus indicadores fueron pésimos a este momento Colombia crece porque está recuperando el balance pospandemia, pero recordemos que antes de la pandemia teníamos el desempleo por encima del 10% la inflación comenzaba a mostrar su cara, los precios del dólar estaban llegando a 3500 pesos antes de pandemia después de pandemia el dólar superó la barrera de los 4000 pesos y no tiende a la baja, los índices de desigualdad nos ponía como el segundo en América latina con mayor desigualdad del hemisferio, el aumento del salario mínimo sólo sirvió para ajustar las cargas ya pesadas de los hogares colombianos no las aliviano, en conclusión no tuvo los efectos esperados y para terminar con la cereza del pastel la deuda externa que va a dejar este gobierno es excesiva en términos de sustentabilidad económica para los próximos años en Colombia, nunca pudo proponer un cambio fiscal y político que fuera consecuente con la austeridad que requería el país en la crisis.


Esos políticos que se quedaron en la Colombia del 2002 y que se niegan a ver el cambio que la sociedad a realizado en materias de estabilización de la seguridad, garantías sociales y desarrollo de los derechos. Colombia ya no es una sociedad con miedo y estas elecciones mostraron que la desconfianza al petrismo solo existe en la cabeza de unos pocos miembros políticos de la vieja derecha. Esas líneas políticas de derecha anticuada que se casaron con un tema y sobre este basaron su imaginario de cambio quedaron obsoletas, Colombia necesita oír de desarrollo agrario, de cambios profundos en materia política y social, en nuevos enfoques económicos y llevar esto al debate político del país.
Es momento que partidos como el Conservador el Centro Democrático, partido de la U, Cambio Radical y cierta ala Liberal se sienten a ver como proyectar su discurso político sobre la edificación de una nueva Colombia, para engranar una mirada fresca más social y económicamente responsable sobre pilares que siempre los ha caracterizado como protección de la propiedad privada, la familia, y la seguridad sobre la base de políticas neoliberales y aperturistas que ahora deben partir de un enfoque social y no económico, llevando a construir fuerza política a corto y mediano plazo encaminadas a ser opción de poder para los próximos años.


La oposición que debe enfrentar el gobierno entrante de Gustavo Petro debe ser cimentada sobre postulados académicos y políticos sólidos, que generen líneas de desarrollo propositivas que den la oportunidad de hacer crecer nuevos liderazgos que oxigenen y revitalicen la desgastada y vieja derecha, los odios de esa vieja derecha deben cambiarse en posturas antagónicas ideológicas y fundamentadas en la Colombia de hoy. Los llamados a liderar este proceso son esos jóvenes que desde las regiones y a nivel nacional están pidiendo pista para crear una nueva clase política mas fresca y activa, socialmente responsable y preparada. Si no se logra estos espacios mucho me temo que la derecha en el país ira perdiendo vigencia en el panorama nacional y esto es contraproducente para la estabilidad de una sana democracia que filosóficamente debe propender por equilibrar los espacios de participación política con dinámicas ideológicas que fluyan y equilibren el libre estimulo de las ideas plurales de gobierno.