Vergüenza y repudio colectivo debe darnos a los caqueteños la clase política que tenemos es hora de empezar a reflexionar sobre a quién, y porque elegimos a los políticos que tenemos, es momento de abrir los ojos y darnos cuenta de que el atraso del Caquetá es consecuencia en gran parte de las personas que elegimos y de los intereses que llegan a representar en los cargos de poder que tienen.
Uno de los grandes problemas que históricamente ha tenido el Caquetá es que la representación de nuestra región ante el gobierno nacional no ha estado a la altura de las necesidades que se tienen. Mientras las discusiones de la agenda nacional marcan el camino de desarrollo del país, los representantes del Caquetá siguen pensando que sus decisiones no son importantes para el devenir y el desarrollo del país, que no afectan directamente el trabajo político del departamento, creen que su trabajo es adquirir participación política y burocrática descuidando las implicaciones que los proyectos de ley tienen para el devenir del Caquetá y de Colombia.
Hoy cuando el país aboga por un cambio fiscal estructural del Estado Colombiano, cuando las calles en el 2021 le mandaron un mensaje contundente al país para reducir la opulencia en los gastos estatales y al ver el déficit en el que se encuentra la política nacional la propuesta de reducir gastos a funcionarios es indispensable para crear un nivel de equidad y viabilidad estatal. Un Senador de la Republica decidió levantar la mano y propone reducir el salario de los congresistas, ninguno de los tres congresistas del Departamento firmo la iniciativa, pero uno de ellos fue mas allá y tubo unas declaraciones desatinadas sobre el tema. Frases como “Yo nunca había aguantado tanta hambre como en el congreso” “vivir en Bogotá no es barato” “a los congresistas deberían pagarle por nivel académico, debería tener el congreso prima técnica como la tienen los ministerios”.
Debo recordarle al representante Núñez que un jornal en el Caquetá esta en promedio entre treinta a cuarenta mil pesos y que el se gana mas de 1150 jornales al mes, así mismo decirle que el salario mínimo está en un millón de pesos y que el se gana 35 salarios mínimos al mes, que el señor cuenta con una unidad de trabajo legislativo de cincuenta millones de pesos y que los concejales del departamento no cuentan ni con oficina mucho menos con secretaria o apoyo técnico para su trabajo, que muchos de ellos arriesgan sus vidas porque así lleven las denuncias de sus amenazas a la UNP no les prestan atención mientras usted se ufana de decir que anda en tres camionetas y con más de siete escoltas, que un profesional con posgrado en el Caquetá tiene uno de los sueldos más bajos del país mientras el Representante gana 8 a 10 veces más. Sus declaraciones desafortunadas dejan mal parado al departamento porque como representante de las victimas usted se burla de las condiciones de estas en el territorio con sus palabras.
La improvisación política de nuestra dirigencia es resultado de la falta de desarrollo cultural en esta materia, lo anterior hace que el trabajo de representación carezca de resultados, que no se logre un peso político suficiente para gestionar ante el gobierno nacional los grandes proyectos que impulsen el desarrollo regional. Históricamente la clase política caqueteña a tenido dos características, primero no tiene una preparación ni técnica ni política para desarrollar una buena gestión, segundo la falta de experiencia en los temas de gobierno y de funcionamiento del Estado hacen que se pierda el trabajo legislativo de los Representantes. Es importante que las nuevas generaciones inicien a entender que uno no debe elegir sus representantes con el bolsillo sino con la razón. Es hora de entender que se debe llevar a los cargos de representación a personas preparadas que conozcan de los temas del Estado, políticamente consientes de las problemáticas nacionales y regionales, con capacidades discursivas y argumentativas, solo así podremos crear agendas regionales que encarrilen el desarrollo del Caquetá a mediano y largo plazo.
