Por: Camilo Muñoz

Este 29 de junio se abren las inscripciones para las elecciones territoriales que se llevarán a cabo el próximo 29 de octubre. Hasta ahora suenan nombres para la Alcaldía de Florencia y la Gobernación del Caquetá, pero es muy incierto el panorama para, por ejemplo, la Asamblea Departamental y el Concejo de Florencia.

En el 2019 hubo ocho listas que pasaron el umbral, divididos entre los partidos: Conservador, Liberal, Alianza Verde, Centro Democrático, Cambio Radical, ASI, la U, y la Coalición Alternativa; de ellos, los dos partidos históricamente tradicionales fueron los más votados y los que se alzaron con 2 curules cada uno; los restantes cada uno logró apenas una silla en la Asamblea Departamental. El onceno lo completó el candidato que ocupó el segundo lugar en la elección de gobernador, conforme a lo dispuesto en la Ley 1909 de 2018.

De los once diputados y diputadas ninguno realizó un férreo control político al gobernador Arnulfo Gasca Trujillo, y aunque en campaña la mayoría vociferó tener ciertas agendas políticas, en su actuar ningún asambleísta supo enarbolar lo que decía liderar. De esas ocho cabezas de lista, solo la mitad espera repetir su cargo en esta instancia departamental, los otros cuatro no aspirarán.

De los once diputados y diputadas ninguno realizó un férreo control político al gobernador Arnulfo Gasca Trujillo, y aunque en campaña la mayoría vociferó tener ciertas agendas políticas, en su actuar ningún asambleísta supo enarbolar lo que decía liderar

Aunado a ello, los partidos más dinámicos (el Conservador y el Liberal) no tienen liderazgos sólidos que les permita mantener su fuerza en la Asamblea, entre un 60 y un 80 por ciento de quienes se inscribieron por esos dos partidos hace cuatro años no volverán a postularse a esa misma corporación en el 2023, lo que produce un efecto negativo en dichas estructuras, eso se refleja, principalmente, por dos razones: 1) falta de compromiso de quienes han ostentado el poder para establecer un verdadero relevo generacional; y 2) escasez de liderazgos debido a la perpetuación de los cacicazgos que se erigieron y estancaron su poder a su propia sombra o prefirieron apadrinar a sus parientes en los diferentes cargos de elección popular, relegando así a jóvenes profesionales y a quienes pretendían renovar estos partidos o escalar a otra instancia.

Hoy día ningún partido, llámese como se llame, tiene una lista de al menos cinco (de once) personas con capacidad genuina para alcanzar dos o tres curules, esto solo se mantendrá a través de lo que el pensador italiano Norberto Bobbio ha denominado voto de intercambio (o voto de clientela), el cual consiste en, ni más ni menos, que en votar a cambio de favores, es decir, elegir por un puesto, por un contrato, por un estipendio o como se ve mayormente en el Caquetá, por una bonificación.

Y si en la Asamblea llueve, en el Concejo de Florencia no escampa. A tan solo cuatro meses de las elecciones, el Concejo de Florencia, que cuenta con 17 miembros, no tiene –hasta ahora- nuevas figuras destacadas con trabajo comunal, social y político que pueda dar una sorpresa como la dieron varios concejales y concejalas en las justas democráticas anteriores. Aquí ocurre un caso semejante al mencionado anteriormente: ninguna lista al Concejo está claramente definida y si se tiene, no se encuentra sólida para lograr más de tres o cuatro curules.

Además, tal como ocurrió con los diputados y las diputadas, ningún concejal o concejala fue capaz de ejecutar un control político serio y opositor a la administración actual. Hace pocos días, por ejemplo, se citó a cierto secretario a debate de control político y, paradójicamente, este salió felicitado y hasta aplaudido, dejando claro que pasaron un cuatrienio, como dice el adagio, sin pena ni gloria, donde inclusive se vieron innumerables casos de improperios entre pares.

En definitiva, tal como destacó Bobbio en su libro El futuro de la democracia, los partidos están destinados, con el fin de mantener su fuerza política, al mercado político, en donde los electores se vuelven en clientes; entonces, ya no se vota (de hecho, hace mucho en regiones como el Caquetá) por la bondad de las ideas que expresa un partido, es aquí donde nace la concepción individualista de la democracia, y por ende ya no gana el mejor, sino el que más dinero tenga y ofrezca.

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