Por: Marco Antonio Bustos Serrano

Mientras los petristas se resisten a creer en la entrada de dineros de dudosa reputación a la campaña presidencial de Gustavo Petro. Por el lado de los uribistas llega la imputación de cargos al ex precandidato presidencial por esa colectividad Óscar Iván Zuluaga y su hijo por la financiación irregular de Odebrecht a su campaña presidencial de 2014, esto evidencia una verdad que los colombianos siempre han sabido pero que por pena prefieren eludir el debate. En Colombia desde 1970 no ha habido una campaña presidencial que no haya recibido dineros oscuros para ganar. Hemos tenido apoyos a las campañas de Contrabandistas, marimberos, narcotraficantes, contratistas del Estado, guerrilleros, paramilitares, lavadores de activos entre otros.

La verdad es que la sociedad colombiana cada cierto tiempo se entera de estos dineros, se indignan, salen a pedir cabezas, los responsables primero sin sonrojarse lo niegan cuando todo es imposible de negar, responden que todo fue a sus espaldas o que se acaban de enterar o la última yo no lo crie para referirse al enlace del dinero, algunos políticos se victimizan, se hacen los perseguidos por la oposición, y todo queda en los periódicos de ayer. La verdad es que para ser presidente de Colombia se necesita una suma considerable de dinero que los candidatos no tienen, la forma de recolectar es buscar apoyo no importa de quien sea o que reputación tiene el donante. Transparencia internacional en su informe sobre las elecciones en Colombia del año 2022 evidenció como los “topes nunca son cumplidos y el sistema electoral colombiano esta diseñado para que dichos topes sean violados pues no parten del costo real de la campaña” lo que transparencia internacional deja en evidencia no es más que el desconocimiento real del valor de las campañas de elección popular por parte de las autoridades electorales colombianas dejando que sea imposible hacer seguimiento real a la financiación.

Pero lo anterior no solo pasa en las campañas a la Presidencia, pues para ser gobernador de un Departamento o alcalde de una Ciudad capital se debe gastar 10 a veinte veces más que lo establecido en los topes del CNE. Es de lo anterior que se desprende uno de los debates que la sociedad colombiana debe iniciar a resolver para abrirle la puerta a elecciones mas transparentes y democráticas, si las campañas de elección popular son costosas a que deben llegar los ganadores de las campañas que terminan siendo los ordenadores del gasto y los encargados de hacer control político. Karl Popper dijo “la Política es como los ricos se gastan la plata que les sobra” el problema es que en Colombia los ricos a los que les sobra la plata para gastar en política o son contratistas del Estado o personas con fortunas mal habidas.

Los escándalos de las financiaciones irregulares de campaña deben trascender de una simple indignación a crear un debate que lleve a los colombianos a darle atención a como estamos financiando las campañas y por medio de que mecanismos podemos generar frenos a los gastos excesivos e irregulares, pues aunque no siempre el que mas gasta gana, los gastos de dineros a manos llenas cambian la lógica del debate político pues lo reducen a una simple transacción monetaria dejando de lado las complejidades que enmarcan las propuestas que dan respuesta a las necesidades reales de los individuos que someten su decisión por unos pesos por necesidad.

A Colombia le esta llegando la hora de dar el debate sobre uno de los problemas políticos centrales del país, para esto debe iniciar a revisar con detenimiento como por medio de las campañas a las diferentes corporaciones locales, regionales y nacionales están llegando a adquirir poder los dueños de los dineros oscuros que por medio de la financiación de las campañas están controlando como titiriteros los destinos de la sociedad y la política colombiana. Se debe iniciar a revisar si los salarios que los ganadores a las corporaciones reciben en los cuatro años solo cubren el 10% de la inversión de la campaña como recuperan el otro 90% y como le es rentable a una persona ganar con esos márgenes de inversión y retorno del dinero. Es momento de hacer un alto como colombianos y darnos cuenta de que la corrupción inicia desde las campañas y la configuración de los entramados de corrupción se dan en la administración para cubrir muchas veces los compromisos adquiridos por los políticos en las elecciones a las diferentes corporaciones de elección popular, esto es un problema nacional que involucra desde las campañas presidenciales hasta la alcaldía del pueblo más pequeño del país, mientras los intereses económicos sobrepasen los intereses políticos nunca existirá un cambio real dentro de las dinámicas políticas de Colombia, seguiremos indignándonos cada cierto tiempo rasgándonos las vestiduras sin ninguna forma de cambiar las realidades políticas del país.

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