La democracia representativa es la respuesta de la sociedad moderna a la tiranía, en esta los individuos escogen las personas que mejor representan sus intereses, para que estos sean sus representantes ante el estado y de manera legítima gobiernen y tomen decisiones a nombre de ellos. Lo más importante en el debate representativo de una democracia es como los intereses de la gente se ven materializados en el debate público, esto surge de una interacción que se plantea en doble vía y de dos formas distintas, primero el político impone un tema en la agenda y crea la prioridad del tema en la opinión popular esta responde al tema y se crea la necesidad, la segunda la opinión popular crea una prioridad el político recoge ese clamor, lo introduce en la agenda y crea la necesidad.
En un país donde los políticos le dan más importancia a la declaración del carriel como patrimonio nacional que a al clamor de las calles, existe una falla precisamente en esa doble vía que comentábamos anteriormente el político no puede recoger el querer del pueblo y se crea una desconexión entre lo que quiere la gente y el interés del político, esto crea una falla en la representatividad que se materializa en el alejamiento de los intereses de los representantes y las necesidades de los representados. Lo anterior crea las famosas deudas históricas que los representados en este caso los colombianos creen que el Estado y la clase política tiene con ellos.
El Congreso colombiano históricamente ha evadido los debates fundamentales del país tales como, la reforma agraria, la reforma a la salud, la reforma estructural a la justicia, la reforma a la educación, la reforma pensional y la reforma fiscal, entre otras, porque las personas que nos representan como Senadores y Representantes a la Cámara priorizan los intereses de una parte de la población sin pensar en el bien superior como lo plantea en Alemania la republica de Bismarck o el interés general que plantearon los padres fundadores en Estados Unidos o el interés de la republica que plantean los Franceses. En Colombia el Congreso no entiende las dinámicas que se plantean en un discurso unitario de bien común, para la muestra que los debates de fondo del Estado Colombiano los plantean las Cortes por medio de la protección de derechos mas no por el congreso como debería ser.
Podrá las calles pedir cambios estructurales, podrá el gobierno tener muy buenas intenciones, podrá el fervor popular con ahínco tumbar reformas, pero si el congreso sigue desconectado e irrespetando al constituyente primario nunca existirá un cambio real o significativo que cambie las dinámicas del Estado, en la legislatura que acabo de pasar se evidencio que lo que quiere el congreso y lo que quiere la Colombia en las calles son dos cosas distintas.
No es cierto que los congresistas sean malos lectores los micos pasan porque el interés de los senadores y los representantes es ese, no es que el patrimonio espeleológico colombiano tenga más importancia que el proyecto de ley estatutaria sobre jurisdicción rural y agraria, es que no les interesa dar los debates que necesita Colombia porque toca intereses que son prioridad para los congresistas y sus financiadores, por ejemplo mientras el debate para prohibir el fracking se hunde por falta de quórum, el proyecto por el cual la nación se une a la celebración de los cien años de constitución de una ciudad reviste más interés porque estos tipos de proyectos son gaseosos que no afectan a nadie y no requieren debate. Ese es el congreso que tenemos.
La evasión de los debates de fondo por parte del congreso nos ha llevado a que Colombia vea su clase política como espuria y de poco fiar, ha llevado a el pueblo a sentirse poco escuchado poco representado. Es hora de reflexionar viendo el panorama electoral que se nos acerca, es momento de entender que el cambio de esta dinámica de desconexión inicia en las urnas.
