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Tanto en el Caquetá como en Colombia la moda es categorizarnos políticamente, entre los colombianos nos auto denominamos mutuamente de izquierda o de derecha, petristas, uribistas o Santistas dependiendo sus posturas. La verdad es que esos calificativos primero no ayudan al debate y segundo son una distracción para desviar la atención de la sociedad de lo verdaderamente importante.
La verdad es que ni Uribe, ni Santos y ni mucho menos Petro le han traído nada tangible o real al Caquetá o al sur del país, más allá del cumplimiento de su labor profesional, recordemos que es deber según la constitución de todo presidente velar por la seguridad y propender por La Paz en todo el territorio colombiano, y es deber de todo senador hacer control político. Mientras en la costa y en el centro del país realizan la danza de los millones el sur oriente del país se debe contentar con las migajas pues dan muy pocos votos en elecciones para prestarles atención, algunos analistas llaman a esta parte del país la Colombia profunda y no es más que la verdadera tierra del olvido que alguna vez parafraseó Carlos Vives en su canción.
Hoy cuando se habla de la protección al medio ambiente, del cuidado de la Amazonia, de la excesiva deforestación de la Orinoquía, del crecimiento desaforado de los cultivos ilícitos, no deja de ser paradójico la preocupación que despierta a nivel nacional estos temas contrastados con el abandono de estas regiones en términos reales. El gobierno nacional no ha podido darle respuesta a la problemática social que la guerra y el narcotráfico han traído al sur del país, lo anterior es tan aliciente que muchos de los problemas de inseguridad que vivimos hoy derivados del control territorial del narcotráfico es culpa del Estado Colombiano, que después de los acuerdos firmados en el Teatro Colon no pudo cooptar los territorios dejados por las FARC con presencia institucional.
El sur oriente del país pide a gritos presencia institucional, políticas públicas efectivas y un gobierno que sepa identificar las verdaderas problemáticas de la región, todo lo anterior debe estar acompañado de inversión gubernamental en materia social que se enfoque en la generación de empleo, la superación de las brechas de desigualdad y de desarrollo ambientalmente sostenible, mientras estas tres personas se desgastan en peleas personales y se rasgan las vestiduras tratando de proteger su espacio en la historia política de este país, el Caquetá se hunde en el desempleo, la falta de oportunidad, el subdesarrollo y la desidia institucional.
Debemos dejar de pensar como sociedad caqueteña que nuestros problemas son importantes para estos personajes y comenzar a encontrar soluciones que surjan del interés colectivo. Debemos dejar de ser uribistas, santistas o petristras y volvernos Caqueteños pensar en que es lo mejor para la región y forjar un destino propio basado en el interés común, por ultimo decirle a las personas que están pensando en ser candidatos para las próximas elecciones que piensen en dinámicas que encajen con los problemas de la región dejando atrás calificativos que hacen perder de vista lo fundamental las graves problemáticas sociales, económicas y políticas que convergen en la región.
