La respuesta es sí, en Colombia ser corrupto paga, es esta una de las razones por las cuales estamos considerados uno de los países más corruptos del mundo y bueno por los cincuenta billones de pesos que se pierden vía corrupción cada año. Seamos estrictos al hablar, en Colombia existe una estructura cultural políticamente consolidada que afecta a todo el aparato estatal desde el funcionario más bajo hasta al presidente de la Republica. Entremos a analizar el porqué de la corrupción, primero existe un desbalance entre lo gastado en campaña y los recursos económicos obtenidos por el político al acceder al cargo de elección popular, en columnas pasadas ya había manifestado que los topes de campaña son un chiste. Lo anterior plantea entonces un hueco entre lo gastado en campaña y lo obtiene en el cargo por el político, hueco que es cubierto vía contratación estatal, burocracia o favores políticos, este es el germen del mostró de la corrupción.
Lo anterior no es una práctica nueva, es más, es recurrente en todo el territorio nacional, no inicia con el narcotráfico como muchos creen, esta práctica parte de la dificultad que tiene los el Estado de equilibrar la participación política como derecho universal, lo que se debe entender a este momento entonces es que al Estado no puede igualar las capacidades de participación de un ciudadano de a pie con los grandes capitales de los contratistas y el narcotráfico, los políticos entonces se vuelven empresarios de la política más nos políticos profesionalizados.
Cuando hablamos de empresarios de la política debemos entender que nos referimos a personas que enmarcan su vida empresarial en una carrera política, no venden y no comercializan nada más que su influencia y su trabajo político. El objetivo de estos grupos empresariales es acumular poder y controlar la estructura estatal para evitar ser detectados mientras desangran al país. Estas estructuras empresariales políticas tienen dentro de sus nóminas a todos los órganos de control, primero porque ayudan a elegirlos y segundo porque los trabajadores de estas entidades hacen parte de la estructura burocrática de estos aparatos empresariales, esto les garantiza el 80% de impunidad en todos los casos de corrupción en el territorio nacional según transparencia internacional, los casos de corrupción que salen a la luz pública son los que son imposibles tapar por su impacto en la opinión como por ejemplo centros poblados, carrusel de la contratación de Bogotá, Odebrecht, dragacol y chambacú, solo por nombrar algunos.
La corrupción en Colombia se volvió un círculo vicioso porque la condena al corrupto es irrisoria para el daño que hacen, vender tamales a cincuenta mil pesos para la alimentación escolar es vergonzoso, pero darle al culpable tres años de cárcel y que los pueda cumplir en la casa es el colmo del descaro. Esta termina siendo la verdad de la corrupción es desobligante ver el atraso del país y el derroche de las chequeras de los empresarios de la política, ya empieza para esta época preelectorales la feria de millones de estas estructuras que corren todas a controlar el congreso porque es en esta corporación donde basan su poder, nada va a cambiar si estas estructuras empresariales políticas no son eliminadas del escenario político nacional.
Para concluir el Caquetá no se salva de estas empresas políticas que en los últimos 10 años han ejecutado más de un billón de pesos con balance negativo para el desarrollo del departamento, los tentáculos de las empresas políticas a llegado a tal punto que han desestructurado la gobernabilidad local y regional. Desde hace unos años en el Caquetá se vienen edificando empresas electorales que tienen como objetivo hacerse a la contratación del Departamento solo se debe analizar quienes son los dueños de la contratación y como la ejecutan.
