Este año electoral nos ha traído bastante movimiento dentro de la esfera política del país, encontramos por un lado fortalecimiento de los partidos tradicionales en las elecciones a senado y cámara en contra posición de los partidos que llamaríamos posuribe que tienden a entrar en crisis como Cambio Radical, el partido de la U y el centro Democrático. Así mismo vemos como las fuerzas alternativas se consolidan en el país como fuerzas políticas determinantes, lo anterior se puede evidenciar en la forma como se repartieron las cargas en el congreso y la forma como se está proyectando el poder político en el país, el próximo presidente debe llegar a concertar con el legislativo porque no va a tener mayorías consolidadas no importa de qué línea política venga.

Pese a lo anterior preocupa la forma como se ha dado el desarrollo electoral en estas elecciones, las personas que saben un poco de historia política tienen claro que desde su fundación Colombia se ha movido políticamente entre amores y odios, centralistas contra federalistas, liberales contra conservadores, izquierda contra derecha, entre otros. Cada línea política dependiendo el momento histórico lo personalizan con un líder o una vertiente política, Uribistas contra Santistas, lopistas contra laureanistas, santanderistas contra Bolivarianos, en fin, siempre terminamos divididos por tendencias políticas maniqueas. Esto siempre ha jugado en contra de la unidad nacional y la construcción de una identidad común que nos unifique no importa la línea política. Pero preocupa que los discursos de odio por parte de las dos campañas que están adelante en las encuestas están construyendo imaginarios que refuerzan una polarización que viene construyéndose entre derechas e izquierdas, solo sobre la base de una lluvia de ideas y presupuestos basados en el miedo que construyeron sobre su contraparte.

La incertidumbre entonces llena la cabeza del colombiano de a pie que piensa en el que va a pasar, si seguimos igual nos vamos al abismo, pero si voto por aquel no es garantía. Así que estamos construyendo votantes que realizan su ejercicio político con miedo a los posibles acontecimientos y no sobre la base dinámicas políticas identitarias. A estas alturas de las elecciones ni Gustavo Petro ni Federico Gutiérrez han establecido líneas que concreten el logro más importante que debe alcanzar el Estado Colombiano para los años por venir, un acuerdo político de unidad nacional que siente las bases para la solución de los problemas más urgentes del país. Temas como la lucha contra la corrupción, el narcotráfico, la crisis de la Salud, las necesidades del sistema educativo, el reordenamiento productivo del campo, la crisis económica entre otros muchos temas, necesitan de un acuerdo político que ninguno de los dos candidatos garantiza, sin embargo, al ver la forma como quedaron repartidas las cargas en el legislativo colombiano se tienen que empezar a dar con políticas concertadas entre las diferentes fuerzas.

El gran problema de los dos candidatos que lideran las encuestas es que miran a su contraparte como una antítesis de su planteamiento político y no como un contrario con el que se debe concertar para poder gobernar. La construcción de odios políticos colectivos le ha traído al país los momentos mas violentos de su historia política, hoy la radicalización de los discursos políticos puede generar otra espiral de violencia, culturalmente el colombiano es políticamente apasionado pero esa pasión debe desembocar en acuerdos políticos concretos y no en formas personalistas de ver el mundo, así que el llamado es a que las campañas presidenciales construyan vías de entendimiento y no caminos tortuosos de sufrimiento y dolor violento para los colombianos